Traducción

jueves, 5 de septiembre de 2013

English "pitínglish" Day

http://www.ub.edu/gpre/resums/hemerote/maig99/r26maig5.gifTodo el mundo sabe que el verano no se acaba el 20 de septiembre, como propugnan los expertos, sino cuando todos los canales de televisión al mismo tiempo empiezan a emitir anuncios de coleccionables absurdos. Entonces sabes que ha llegado definitivamente el momento de agachar la testuz y volver a sumergirte en la monotonía del invierno, que también tiene su gracia.

El curso escolar 2013-14 ha arrancado con la convocatoria de huelga indefinida por parte de los sindicatos que se dedican a la enseñanza. Los motivos son de sobras conocidos y han alimentado la prensa de todo el verano, así que no insistiré en explicarlos, a pesar de la desinformación general que oigo a mi alrededor. Probablemente yo esté igual de desinformada sobre los recortes que afectan al sistema sanitario, por ejemplo.
Con todos mis respetos hacia los trabajadores de los sindicatos -a uno de los cuales yo misma pertenecí durante un tiempo, y a mucha honra-, que hacen su trabajo lo mejor que saben y pueden en las presentes condiciones, lo que quiero decir aquí es que una huelga indefinida de docentes no sólo no es la solución a nuestros problemas, sino que en mi opinión contribuiría a agravarlos. Nuestros alumnos tendrán de desarrollar las mismas competencias en menos tiempo; los padres que trabajan y no tienen abuelos complacientes a su disposición -yo misma, sin ir más lejos- habrán de apañárselas para "colocar" a sus hijos después de hacer saltos mortales durante todo el verano para conseguir lo mismo pagando canguros, escuelas de verano, etc., y a nosotros se nos descontarán días de sueldo, tan necesarios para pagar la hipoteca y llegar a fin de mes. En resumen, ¿somos tontos o qué? ¿Dónde se ha visto que haya que pagar por protestar, que es en definitiva lo que estamos haciendo? Además, las huelgas deberían fastidiar al que está arriba y tiene la culpa de todos nuestros males, reales o imaginarios, no al pobre contribuyente, al que ya le llueven palos continuamente hasta de donde menos se lo espera.
Desengañémonos, compañeros, el grueso de la opinión pública está con los profesionales sanitarios, pero no con los docentes. Basta leer los comentarios que aderezan las noticias sobre el cese de los tres directores de instituto de Mahón o la dimisión del delegado del Gobierno. Algunos comentarios destilan tanto odio que casi dan miedo... Mucha gente -no toda obviamente, pero sí gran parte de la sociedad- nos tiene por vagos, quejicas, irresponsables y catalanistas a ultranza (con todos mis respetos para este último colectivo). No saben ni entienden que si tenemos casi tres meses de vacaciones al año es en virtud de un antiguo acuerdo que hace que nuestros ingresos sean mucho menos elevados que los del resto de funcionarios de clase A, que sólo tienen un mes de vacaciones como todo hijo de vecino, sí, pero cobran bastante más.
¿A quién beneficia que hagamos huelga, indefinida o no? Ya hemos visto que ni a nuestros alumnos, ni a sus padres, ni a nosotros mismos. Entonces, ¿a quién? Pues a la Conselleria d'Educació, Cultura i Universitats, que gracias a la huelga se ahorrará un montón de jornales. Como secretaria de mi centro educativo, formo parte de los servicios mínimos y, por lo tanto, siempre estoy presente en el momento en que algún ilustre chupatintas de la Conselleria llama para preguntar con avidez que cuántos, ¡cuántos!, de los nuestros se han declarado en huelga. Creedme si os digo que casi se puede oír el tintineo de la caja registradora desde el otro lado del hilo telefónico.

¿Qué hacer? No lo sé, pero tengo claro que las huelgas tradicionales han agotado su capacidad de pegada. Llamadme estúpida o loca, pero... ¿y qué tal una huelga de celo? Una huelga de celo, según santa Wikipedia, es "la actuación organizada de los trabajadores de una o más empresas del mismo o diferentes sectores productivos que consiste en el cumplimiento estricto de la normativa laboral, de salud e higiene y con rigurosa aplicación de las disposiciones de los convenios laborales, causando una paralización de la actividad empresarial como consecuencia de dicho comportamiento". Podría ser incluso divertido. ¿Os imagináis a la consellera recibiendo una avalancha de solicitudes en inglés el día D? Sería un modo irónico, creativo y original de protestar, a la par que pacífico y poco ofensivo. ¿Os acordáis de la tormenta mediática que desató a finales del curso pasado el que algunos estudiantes premiados por su excelencia se negaran a darle la mano al ministro Wert durante el acto de entrega de sus galardones? Nosotros no hemos de pasar por maleducados: la Educación es nuestra especialidad. Además, no sería lo más aconsejable si queremos gozar del apoyo de la sociedad que nos rodea y para la cual trabajamos, no hay que olvidarlo.
¡Ahí queda eso!

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Y ahora, un poquito de publicidad... (Edicions Talaiots: 610272044)

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lunes, 26 de agosto de 2013

El final del verano

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Independientemente de lo que diga el calendario, se sabe que el verano está tocando a su fin porque en la tele empiezan a aparecer anuncios de coleccionables absurdos. Pero, ¿quién en su sano juicio, por más que los admire, va a querer una reproducción en miniatura del casco de Valentino Rossi o de Jorge Lorenzo? ¿Para qué sirve eso? (Aparte de para acumular polvo.) El mundo está loco, loco, loco...

domingo, 25 de agosto de 2013

El poder de la belleza

Cuenta Italo Calvino en la segunda de sus Lezioni americane (transcripción de un ciclo de conferencias que dicho escritor italiano sostuvo en la universidad de Harvard durante el curso 1985-86) que Carlomagno, siendo ya anciano, se enamoró apasionadamente de una joven doncella alemana y empezó a descuidar sus deberes como emperador del Sacro Imperio Romano. Cuando la muchacha falleció de modo inesperado, los cortesanos lanzaron un suspiro de alivio, pensando que Carlomagno, tras un breve período de luto, volvería a empuñar el cetro. Pero el emperador hizo transportar a su habitación el cadáver embalsamado de la doncella y pasaba largas horas velándolo entre lágrimas.
El arzobispo Turpín, lugarteniente de Carlomagno, sospechó que la macabra pasión de su emperador era debida a algún hechizo extraordinario y examinó el cadáver de la muchacha alemana con detenimiento. Bajo su lengua muerta, encontró una misteriosa sortija. El arzobispo se la puso para satisfacer su curiosidad y, desde aquel mismo instante, la actitud de Carlomagno cambió por completo: mandó enterrar a la muchacha con un mohín de repugnancia y empezó a dedicarle sus ternezas al obispo. Entonces este, para huir de situación tan embarazosa, lanzó el anillo a las profundas aguas del lago de Constanza. Como resultado de dicha acción, Carlomagno se enamoró perdidamente del lago y jamás quiso volver a separarse de él.
¿Qué se proponía Calvino abriendo su conferencia con semejante historia? ¿Qué conclusiones se pueden extraer de ella? En mi modesta opinión, ninguna. Tan sólo demostrar el poder de la palabra; poner de manifiesto cómo la serena belleza de un relato, a pesar de transcurrir en una época pseudomítica y un lugar remoto para los “harvardianos”, es capaz no sólo de captar la atención de sus oyentes, sino también de suscitar emociones. Me imagino a los jóvenes estudiantes de entonces escuchando embelesados lo que no es más que un cuento evocador. ¿O es más que eso? Quién sabe.

En casi todos mis grupos de alumnos, sobre todo a principios de curso, surge alguno, erigido en improvisado portavoz de sus compañeros, que me pregunta para qué sirve la literatura y por qué razón deberían dedicar sus esfuerzos a estudiarla “si todo el mundo sabe que no sirve para nada”. Curiosamente, nadie ha cuestionado jamás en mis clases la utilidad de profundizar en el estudio de la lengua castellana, a pesar del poco interés inicial del que hacen gala mis queridos alumnos en mejorar su ortografía -¡cuánto mal han hecho los correctores supuestamente intuitivos...!-, ampliar su vocabulario, ya que “Hablar demasiado bien es de friquis y yo no quiero que la gente me margine”, o pulir su dicción (bastante relajada en la mayoría de los casos).
Nada sirve para todo y todo sirve para nada. Es inútil hacer la cama si esta noche volverás a deshacerla, pero también es inútil vivir si al final has de morirte. Es una cuestión de actitud, de querer pasar por la vida como un mueble que otros cambian de sitio cuando les place o les conviene, o decidir disfrutarla plenamente.

La literatura sirve, en primer lugar, para aprender mucho más y más aprisa que viendo la televisión o navegando sin rumbo por Internet. En segundo lugar, pero no menos importante, para divertirse. Obviamente, para eso no vale cualquier libro leído en cualquier momento. Todo tiene su momento y su lugar. Al igual que a ningún cinéfilo obsesivo le gustan todas las películas que se han rodado desde los inicios del séptimo arte, incluso al ratón de biblioteca más enfermizo no le gustan todos los libros que se han escrito desde los albores de la civilización. Yo, que estoy muy cerca de serlo, jamás he logrado acabar el dichoso Ulises de James Joyce -a pesar de que me toca hacer referencia a él todos los años- ni pasar del soporífero primer tomo de En busca del tiempo perdido. Y no pasa nada. No puedes asegurar que no te guste leer porque ningún maestro o profesor de secundaria haya acertado todavía con tus gustos. Todo llegará. O, mejor dicho, llegará sólo si te empleas a fondo en conseguirlo.
Leer desarrolla la sensibilidad y hace que comprendamos mejor la Historia y cualquier otra forma de Arte como la música, la pintura o la arquitectura. No hace falta llegar a emborracharse de belleza como Stendhal en Florencia para disfrutar de un buen libro, para sentir algo parecido al vértigo. Además, ¡te permite viajar a otros lugares, e incluso en el tiempo, completamente gratis! ¿Quién no ha vuelto a la tenebrosa Edad Media con “El monte de las ánimas”, de Gustavo Adolfo Bécquer, se ha sentido intrigado por la bellísima viuda negra de “El clavo”, de Pedro Antonio de Alarcón, o se emocionado con la tosca compasión de Pachizurra en “Las coles del cementerio”, de Pío Baroja?
Leed que os gustará. Con crisis o sin ella, leer sigue siendo fácil, accesible y barato (y no de todas las formas de ocio se puede decir lo mismo...). ¡Que vivan las bibliotecas!

lunes, 19 de agosto de 2013

Ses festes des fiets

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Per a mi, les festes de Gràcia no varen existir fins al setembre de 2005, l'any que el meu marit i jo vàrem venir a viure a Menorca. Els meus pares són tots dos de Maó, però per la feina d'ell només hi veníem a passar els estius. Per altra banda, no són gaire “festivaleros”, així que fins a l'esmentat setembre de 2005 jo només havia assistit a qualque jaleo de rampillada.
Per això, aquell primer any crec que no ens vàrem perdre res, llevat de les completes. Ens acabàvem de traslladar a l'illa amb tota la nostra il·lusió i qualsevol coseta era per a nosaltres una novetat corprenedora. Aquell any va ser el primer -i l'únic- que he estat capaç d'empassar-me un jaleo de dalt fins baix, llançament de botes de vi inclòs (el meu marit en va aconseguir una).

De llavors ençà, ens ho hem près de manera molt més relaxada. De fet, l'any següent record que vaig aprofitar les festes per anar-me'n a Londres! El juliol de 2007 el meu marit i jo ens vàrem convertir en pares per primera vegada. Aquell any vàrem començar a descobrir una altra vessant de les festes de Gràcia, la vessant que a hores d'ara ens agrada més: són les festes dels fillets.
Veure passar els participants a la anada a l'ermita de Gràcia que se celebra el diumenge anterior és tan emocionant per a nosaltres com el primer toc de fabiol. Tampoc no ens perdem cap sortida dels gegants i els caperrots, ens en sabem tots els noms i ballem de valent amb la cobla que els acompanya. Podem veure el pregó per la televisió i passar olímpicament del primer jaleo, però mai no deixarem d'anar a berenar coca bamba amb xocolata a ca uns amics just abans del jaleo dels matins, d'acaronar els cavalls mentre els caixers són a missa, d'entreveure el jaleo sense mai no entrar a la plaça per por que ens aixafin els fillets... que ja són dos!
Però el que més ens agrada és el darrer dia, quan tothom ja està reventat i els al·lotots no s'aixequen del llit. Baixar al port rera els gegants, anar de actuació en actuació, sopar de qualsevol manera i, per acabar, contemplar els focs amb una llagrimeta als ulls. Pels fillets és esgotador, però res no els agrada més que aquest darrer dia de les festes de Gràcia, que és tot pensat per a ells, sense gaires perills ni estretors. Tant de bo no es perdi mai, doncs és així que es comencen a estimar les festes.

domingo, 11 de agosto de 2013

Ideas para viajar desde Menorca por dos duros (es un decir...)

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Viajar desde Menorca es mucho más caro y complicado que hacerlo desde la Península, claro está, pero aun así está al alcance de mucha más gente de la que viaja habitualmente. Obviamente no me refiero a personas con movilidad reducida o que cobran la renta básica de integración, pero sí a (casi) todos los demás: basta “quitárselo de otro sitio”. Quizá no haga falta cambiar de coche tan a menudo -y menos para conducir por Menorca-, tener un smartphone de última generación con prestaciones profesionales que jamás tendremos ocasión de utilizar, comprarles la Wii a niños de cinco años o una televisión ultraplana descomunal más propia de una sala de cine que de un salón doméstico, por ejemplo.
Viajar es interesante, divertido y no hay nada mejor para “desconectar” de todo (y de todos). Viajar, además, es una escuela de tolerancia para individuos de cualquier edad y ayuda a relativizar problemas que, de cerca, parecen irresolubles. Aquí van algunos consejos caseros fruto de mi propia experiencia para viajar de forma más económica y, en consecuencia, poder hacerlo más a menudo.

A la hora de elegir destino
1) Si viajáis en verano, quizá encontréis un vuelo directo que os lleve cómodamente a vuestro destino, pero en temporada baja o media, tendréis que hacer escala en Barcelona, Palma, Madrid o Valencia (por orden de precio). Hacer escala en Palma es más barato que hacerlo en Madrid, pero en invierno Son Sant Joan, a pesar de ser uno de los aeropuertos más concurridos de Europa, conecta con menos vuelos que Barajas.
2) Siempre os costará menos desplazaros por Europa que salir de ella, a no ser que encontréis alguna superoferta de última hora. Los países del Este o del Sur suelen ser más baratos que los del Norte o de Centroeuropa -Italia mejor que Suiza, por ejemplo-, aunque con honrosas excepciones: comer en Berlín es más barato que en muchos enclaves de España.
3) Los cruceros son muy cómodos, no lo dudo, pero se pasa más tiempo a bordo que en tierra firme. Además, los precios de los servicios de restauración son abusivos, por lo que yo personalmente no los recomiendo a menos que estéis muy estresados y/o dispuestos a aprovechar la oferta complementaria (animación de a bordo).
4) Algo parecido sucede con los viajes organizados por las agencias. Si os manejáis por Internet con un mínimo de destreza y no os da miedo viajar sin apoyo logístico, siempre es más barato e interesante organizaros por vuestra cuenta. De hecho, forma parte de la diversión y os obligará a practicar idiomas. Las bibliotecas de la isla gozan de una extensa y completa colección de guías de viaje que pueden ser de gran ayuda.
A la hora de comprar un billete aéreo o de barco
1) Comprar los billetes por adelantado. A ser posible, unos seis meses antes de la supuesta partida.
2) Tirar de low cost: su flota aérea es incómoda por definición y sus horarios poco fiables, pero teniendo en cuenta lo mucho que las antiguas compañía nacionales han rebajado sus estándares de calidad, apenas hay diferencia ya entre unas y otras.
3) Comprar los billetes por Internet dedicando un buen rato a analizar las ofertas de los distintos comparadores de viajes -tipo edreams, para entendernos-, pero sin descuidar las páginas oficiales de las compañías y leyendo SIEMPRE TODA la letra pequeña. ¡Vale la pena no dejarse vencer por la pereza en este caso! No comparéis precios iniciales, que son un timo manifiesto que no debería estar permitido por la Ley, sino precios finales: es decir, los que aparecen justo antes de que nos pidan que introduzcamos la numeración de nuestra tarjeta de crédito una vez sumadas las tasas aeroportuarias, los gastos de gestión, el cargo por maleta, la reserva de asiento... ¡y todo lo que se inventen!
4) Llevar el equipaje más que ajustado, pesado y medido para no tener que pagar recargos inoportunos.
5) Realizar el embarque por Internet el día antes -algunas compañías cobran hasta por embarcar a través del mostrador- si con ello nos puede salir más barato. Si no, no tiene sentido.
6) Si nuestro viaje es al extranjero, pero conlleva una escala aérea nacional, existe la opción de adquirir los dos desplazamientos por separado (por ejemplo, comprar un billete Menorca-Barcelona-Menorca y otro BCN-París-BCN). La ventaja es que en el desplazamiento nacional se nos aplicaría el descuento por residencia, que no es poco. La principal desventaja es que si un primer avión lleva retraso y perdemos la conexión con el segundo, como ambos no están relacionados, dado que los billetes se emitieron por separado, ninguna compañía aérea se hará responsable -en toda justicia- y tendremos que pagar las consecuencias de nuestro propio bolsillo. Otra desventaja es tener que esperar a que salgan las maletas después del primer avión y tener que volver a realizar el embarque para poder coger el segundo, por lo que hay que contar con un mínimo de dos horas de escala para que la jugada nos salga redonda.
7) Tener en cuenta que, además de los vuelos low cost, accesibles desde cualquier buscador, existen también los chárter, que son todavía más baratos, aunque más difíciles de encontrar.
A la hora de elegir alojamiento
1) Una vez más, es necesario comparar ofertas. A partir de tres o cuatro personas, los precios de hoteles y apartamentos se igualan. Siempre que sea posible elegir, es mejor decantarse por esta última opción, que nos permite cocinar in situ y, por lo tanto, ahorrarnos todos los desayunos y alguna que otra cena.
A la hora de desplazarnos
1) Analizar atentamente antes de partir qué sale más barato: si moverse a pie o con los medios de transporte locales (tren, autobús, etc.), que es más ecológico, aunque implique cierto grado de soltura con el idioma nativo y tener que adaptarse a unos horarios preestablecidos, o en coche.
2) Si nos decantamos por esta última opción, siempre sale mucho más económico llevarnos nuestro propio coche. Si eso no es posible, contratar un coche de alquiler con tiempo, por Internet, comparando precios, ajustándolo a nuestras necesidades y leyendo atentamente todas las condiciones de reserva.
4) Si viajáis con niños pequeños, analizar atentamente que os sale más a cuenta: si alquilarles una sillita homologada, comprarla al llegar allí -especialmente si sólo es un realce- o llevárosla de casa.

domingo, 4 de agosto de 2013

Hay para todos

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“Quina animalada!” fue lo primero que pensé el otro día, al volver a Menorca después de pasar quince días en el extranjero, desconectada de todo y de todos, y encontrarme con que los tres directores de IES de Mahón -que no de secundaria, como erróneamente se ha dicho, pues hasta donde yo sé en el CEPA Joan Mir i Mir, o Escola d'Adults de Maó, también impartimos dicho nivel educativo- habían sido suspendidos y que el bueno de Julián Hernández, delegado territorial de Educació, había dimitido un día antes de su prevista jubilación por haberse visto obligado a defender lo indefendible, cosa que al parecer hizo con gran honradez y dando una lección de dignidad de la que otros podrían tomar ejemplo.
Todo esto merece un análisis detenido y detallado, más allá de las primeras impresiones que me causó recién llegada a la isla, mientras devoraba los periódicos atónita, entre un mar de maletas por deshacer y con remordimientos de conciencia por no haber hecho la compra todavía.

En primer lugar, y aun siendo poco amiga de manifestaciones -quien me conoce sabe que las únicas aglomeraciones que me gustan son los conciertos-, huelgas -yo sólo creo en las huelgas “a la japonesa”- y demás tomas de posición públicas, quiero manifestar aquí mi desconcierto. ¿Qué sentido tiene cesar a los directores anteriormente mencionados cuando la última palabra sobre la aplicación práctica del decreto TIL la tiene el Consell Escolar de cada centro?
Por otra parte, he tenido el placer de trabajar con Marga Seguí, directora (cesada) del IES Joan Ramis i Ramis, y sé que es una persona razonable, dialogante y moderada. A los señores Jaume Bonet, director (cesado) del IES Cap de Llevant, y Rafel Andreu, director (cesado) del IES Pasqual Calbó, sólo los conozco de vista y por referencias, pero estoy segura de que han cumplido con su deber respecto al decreto TIL. No creo que ninguno de ellos se merezca un cese tan fulminante como inusitado. ¿Dónde está la presunción de inocencia en este caso?

Como ya dije en mi artículo “¡Ay, el inglés!” (publicado en esta misma sección el martes 16 de julio de 2013 y todavía legible a través de mi blog “Reflexions d'una secretària desesperada”): “aunque entiendo que a nivel organizativo y en las precarias condiciones actuales nos arriesgamos a que su aplicación inmediata siembre el caos en las aulas, considerándolo en abstracto, el decreto TIL no me parece mal. (...) la idea de repartir equitativamente y de forma alternada la mayor parte de las asignaturas de que consta el currículo de Primaria y Secundaria -con la sola excepción de las escuelas de adultos que, una vez más, se han quedado fuera- entre el castellano, el catalán y el inglés me parece no sólo buena, sino también justa y necesaria”.
En mi opinión, el problema no radica en el decreto en sí, sino en su aplicación inmediata, que es imposible por falta de profesores especialistas en Naturales, Sociales o Matemáticas con un nivel de inglés lo suficientemente bueno como para poder impartir sus clases en dicha lengua. El decreto TIL tendrá sentido cuando al menos una tercera parte del profesorado de cada centro sea capaz de hacerlo. No se trata de dar plazos desmesurados que inviten a tumbarse a la bartola. De hecho, la mayor parte de los profesores que conozco ya se han puesto manos a la obra, aunque sea a regañadientes, y están estudiando inglés por todos los medios a su alcance. Pero no es cuestión de meses, sino de algunos (pocos) años.
Quizá ayudaría que alguno de los políticos responsables del decreto TIL diera ejemplo pronunciando un discurso en inglés. Hasta donde yo sé -y que conste que me encantaría equivocarme, pido perdón a quien corresponda desde ya mismo-, ninguno de ellos tiene el B2 ni está haciendo los mismos esfuerzos que nosotros por obtenerlo. A la única que he oído hablar en inglés hasta el momento es a Esperanza Aguirre, ex presidenta de la Comunidad de Madrid.

Ya para terminar, me gustaría decir que un poco más de paciencia y sentido común no estarían de más en todo este espinoso asunto. Como menorquina nacida en Valencia, criada a caballo entre Madrid y Barcelona, casada con un italiano y capaz de expresarse indistintamente en tres lenguas, aunque ninguna de ellas sea el inglés, no puedo estar más en desacuerdo con los que piensan que el conocimiento de una lengua excluye al de las otras. El cerebro humano tiene una capacidad lingüística ilimitada, basta ejercitarla.
Por otra parte, y como profesora de Castellano que soy, quiero hacer notar que no sólo nuestro nivel general de inglés y de catalán -todavía insuficiente- son deficitarios. El castellano que se habla y se escribe en nuestras islas tampoco es como para tirar cohetes. Menos ombliguismo y más viajes. Menos tontería -llámase Wii, Facebook o WhatsApp- y más lectura. Lo ideal sería que imperaran la cultura, la tolerancia y las ganas de aprender. (Fin de la cita.)

viernes, 2 de agosto de 2013

¿Para qué sirven las vacaciones?




Dicen que para desconectar. Como no me gustan nada las metáforas informáticas, yo prefiero decir que sirven para "cambiar de aires". Pero, en los tiempos que corren, ¿es eso posible? ¡Sólo si no te llevas el teléfono ni el portátil, claro! A ver si adivináis dónde he estado yo...

martes, 16 de julio de 2013

¡Ay, el inglés...!

Article publicat a l'ÚLTIMA HORA d'avui:

No tengo ni la menor intención de polemizar sobre el tan cacareado TIL, o decret de Tractament Integrat de Llengües, hace demasiado calor para eso. Sólo os diré que, aunque entiendo que a nivel organizativo y en las precarias condiciones actuales nos arriesgamos a que su aplicación inmediata siembre el caos en las aulas, considerándolo en abstracto, el decreto TIL no me parece mal.
No entraré a juzgar aquí quién -los que me conocen saben que yo, de pepera, nada de nada- y por qué lo ha implantado; dicen las malas lenguas que más para fastidiar a los catalanistas que para promover el inglés. Como toda batalla estéril y puramente ideológica, no me interesa. Pero la idea de repartir equitativamente y de forma alternada la mayor parte de las asignaturas de que consta el currículo de Primaria y Secundaria -con la sola excepción de las escuelas de adultos que, una vez más, se han quedado fuera- entre el castellano, el catalán y el inglés me parece no sólo buena, sino también justa y necesaria.

Los españoles hablamos un inglés lamentable, todo hay que decirlo. La gente se mofa de que a estas alturas de nuestra democracia todavía no hayamos tenido ningún presidente del Gobierno capaz de prescindir del intérprete, pero es que la ignorancia de nuestra clase política no hace más que reflejar la ignorancia de la población en general. Somos perezosos a la hora de aprender cualquier lengua, hay que admitirlo, aunque sea la propia de la comunidad autónoma en la que vivimos o en la que nos criamos. El criterio parece ser “cuantas menos lenguas sepa, mejor, y sólo aprenderé alguna más si es estrictamente necesario”.
Siempre recordaré el orgullo que sentí al “desembarcar” en Roma hace unos años gracias a una beca y encontrarme con que la mayoría de Erasmus españoles ya eran capaces de chapurrear el italiano, a pesar de llevar únicamente un mes en la ciudad. En ese mismo lapso de tiempo, los pobres alemanes -segundo colectivo de Erasmus en Roma más numeroso aquel año, seguido de cerca por los portugueses- sudaban la gota gorda hasta para construir la frase más sencilla. Por supuesto, ninguno de nuestros ilustres paisanos se había preparado previamente, ¡a quién se le ocurre!, pero supieron aprovechar el cursillo intensivo que les brindaba una asociación de acogida para aprender los rudimentos del idioma. A los pocos meses, mi orgullo patrio se había trocado en vergüenza ajena: casi ningún español había ido más allá de dicho nivel inicial. La mayoría seguían hablando siempre en presente, evitando las frases compuestas y utilizando un vocabulario más bien básico aunque, eso sí, adornado con muchos gestos, risitas y codazos. Como los italianos no son muy exigentes y los españoles les caemos bien a priori, la convivencia con ellos no sólo era pacífica, sino de lo más estrecha. Pero, a pesar de ello, hay que reconocer que los alemanes nos ganaron por goleada. Aun con un acento horroroso y un físico de rubiales que no favorecía su integración con los “aborígenes”, todos ellos eran capaces de hablar en pasado, utilizar el condicional como es debido e incluso dar lecciones de subjuntivo a los propios italianos, que lo tienen olvidado. La mayoría incluso solía llevar algún cuaderno o dispositivo móvil para apuntar vocabulario. ¿Cuándo se ha visto a “uno de los nuestros” hacer algo parecido? El resultado es que, más de diez años después, los españoles con los que sigo en contacto ya no son capaces de hablar en italiano con mi marido -yo me llevé un souvenir autóctono, sí, ¿qué pasa?- más allá de la simple gracieta, mientras que el único alemán al que todavía veo de vez en cuando habla y escribe en un italiano modélico (aunque con acento de “empujen-estrujen”, eso sí es verdad).

Con el inglés sucede algo parecido. Dicho sea sin ánimo de ofender a nadie, repito, somos unos chapuceros. En cuanto conseguimos hacernos entender en una lengua, consideramos que ha llegado el momento de aparcarla. ¿Para qué más? La palabra perfeccionismo no se inventó para describirnos a nosotros. Obviamente, estoy exagerando. Ya sé que existen excepciones y todos conocemos a alguien que vive obsesionado con sacarse el título de los niveles más altos de la EOI, pero en general es así.
Y eso lo demuestra el hecho de que aún haya tantos maestros y profesores, y con esto sé que me voy a ganar el odio eterno de mis compañeros de profesión, quejándose amargamente de que la Conselleria d'Educació nos obligue a sacarnos el B2 de inglés antes del 2020. Siempre es desagradable que te obliguen a hacer algo, y da mucha rabia que sea por algo en lo que encima no estás de acuerdo -como la implantación del decreto TIL-, pero si los propios docentes no damos un ejemplo de superación personal e interés por el estudio... ¿quién lo hará?
¡Ánimo, compañeros! Aunque actualmente casi ningún centro educativo tenga suficiente personal cualificado para impartir tantas asignaturas en inglés, aunque el nivel del alumnado no le permita seguir con facilidad las asignaturas impartidas en dicha lengua y aunque las motivaciones que han impulsado la implantación del decreto TIL sean más que discutibles, pienso que el resultado final valdrá la pena... ¡más adelante!
Algún día será estupendo poder viajar sin apuros, ver películas en versión original sin hacer caso de los molestos subtítulos o leer las novelas de Jane Austen tal como su autora las concibió. Gracias a nuestro esfuerzo, que sin duda debería ir acompañado de un cambio de mentalidad con respecto los idiomas y a la cultura en general (¡padres, echadnos una mano, por favor!), sin duda será posible... Algún día lo será.
No me lapidéis demasiado y hasta dentro de dos martes.